Tuesday, November 24, 2015

El Infernal laberinto de Huizchilopoztli



CAPITULO ONCE:  El Infernal Laberinto de Huzichilopoztli.

Estaba Jigolanthas el gnomo buscando pornografía infantil en Tepito, un viernes por la tarde, cansado, erizo y necesitando desesperadamente un baño, cuando un viejito, humano, moreno, delgado y chaparro se le avecino calmadamente.
-¿Usted es Jigolanthas el gnomo, verdad?- dijo.
-Exacto. Y ¿con quién tengo el gusto? – respondió el gnomo.
-Huzichilopoztli.- respondió el viejo con una pequeña alzada de pecho causada por un pequeño suspiro.
Es lógico entender que un ser como Jigolanthas, eterno, inmortal y siempre duradero conocía perfectamente al Dios Azteca, pero los Dioses tienden a tomar formas indistintas para pasearse indistintamente en el planeta tierra, y eso, claro, los hace, de vez en cuando, difícil de reconocer.
-Majestad. Estoy a su servicio.- Respondió el gnomo, poniendo su mano en su corazón.
-Gracias. Me gusta contar contigo. Y por ahí, platicar sobre mis nombres entre los cristianos y musulmanes.-
-La pregunta en mi corazón, majestad, ¿es usted un ser único, o porción de un ser más grande? Y claro, la pregunta la hago desde el corazón de uno que conoce su nombre cristiano: Satanás.-
-¿Cómo responderías tu esa pregunta, gnomo?- respondió el viejillo.
-Único.- el gnomo estaba nervioso. Tratar con seres como Huzichilopoztli podría costarle el alma, y lo sabía. Una respuesta errónea, y todo podría terminar para el…
-¿Y por qué responderías así?-
-Por respeto.-
-Hace mucho, cuando mi pueblo todavía me daba su corazón en las pirámides creadas para mi honor y culto, nadie quería realmente darme sus hijos en sacrificio, pero aun así, lo hicieron.  Por Lucifer, ¿Qué sacrifican sus siervos?-
Pero el gnomo entendió que Huzichilopoztli no le había dado respuesta su pregunta. Y la pregunta era de interés absurdamente enorme para el curioso ser.
-Y pues, ¿Cuál es la verdad?- pregunto.
-No te la voy a decir. Sí y no. Descúbrelo por ti mismo.- dijo el viejecillo, y momentáneamente, él y Jigolanthas se transportaron juntos por el tiempo y el espacio al infierno, donde Satanás estaba disfrutando algunas perversidades inconcebibles sobre los cuerpos de cristianos caídos.
El viejo diablo estaba, como de costumbre en una de sus formas favoritas, piel roja, cola de dragón, alas de dragón, barba de candado y cuernos. Estaba ocupado con un gigantesco vibrador el cual estaba insertando en el ano de un creyente con tal fuerza y destreza que la pobre alma perdida no podía más que gemir en placer, dolor y lo que proceda de eso. Una larga línea de almas perdidas, atadas en posiciones incomodas a un muro interminable de piedra caliente.
Sin voltearse o dejar de hacer lo que estaba haciendo, saludo a los recién llegados.
-Huizti, viejo amigo… Gusto verte. ¿Y Jigolanthas, este es tu primera vez en el infierno, cierto?-
-Eh… si, si lo es, ¿Majestad Satanás, presumo yo?- dijo Jigolanthas perfectamente aterrorizado.
-Exacto. Tu pregunta filosófica merecía una respuesta contundente, y creo que esto lo puede resolver. Pues de alguna manera es la pregunta del “bien” y el “mal”, y por lo tanto central a la realidad absoluta de lo que es importante para tu alma…- dijo el cornudo.
Incomodo, pero suficientemente sabio para reconocer que aquí, en el infierno, con el diablo literalmente platicando contigo, Jigolanthas, decidió que su pregunta había sido respuesta satisfactoriamente.
-Entonces todos somos seres distintos, pero a la vez, los mismos. Alfa y Omega somos todos, no algunos más que otros.- dijo.
-Yo soy Huzichilopoztli. Siempre he sido Huzichilopoztli. Siempre seré Huzichilopoztli. –
-Yo soy Satanás. Siempre he sido Satanás. Siempre seré Satanás. Y nuestras historias y leyendas son distintas, tan distintas como somos nosotros mismos. Y ambos distintos de ti, Jigolanthas. Y ahora, al grano, debemos detener al Rey Agua.-
Huzichilopoztli encorvo sus brazos y sonrió agradablemente. 
-Yo en eso no me meto.- dijo y desapareció.
Jiji no estaba muy feliz de haber quedado solo con Satanás en el infierno. Satanás, por otra parte, siempre disfrutaba muchos visitantes a su morada. Tanto así, que algunos no quería dejar salir. Pero claro, el asunto con Jigolanthas era distinto.
-Debo admitir que recuperar control de la Torre Rosa de las manos de ese lagarto insensato es muy tentador, Majestad, pero dígame, ¿cómo podríamos vencer a Krishna? –
Y momentáneamente, apareció el Señor Shiva acompañado por el demonio Hyraniakashipu.
-Tiempo, espacio y conciencia. No hay muerte, pero tampoco hay tiempo. Observad, amigos, al demonio Hyraniakashipu. Como bien saben, fue derrotado por el Señor Nirshimhadeva pero he viajado de regreso en el tiempo a recuperarle a nuestra presencia. En este momento, está todavía meditando parado sobre un solo pie con las manos en alto. Solo le he robado un segundo, ni siquiera eso, pero con ese segundo robado, puedo alargar su existencia a este momento y concepto temporal. Y con eso es suficiente para que el cosmos se deshaga.- dijo el Señor Shiva sonriendo.
-El problema, parece ser que en el momento en que Krishna y Jesucristo pelean con dados, y Krishna gana, la maldad se acaba, y pues no podemos ser malos ni yo, y tú, ni todos estos demonios y reyes malditos.- dijo Jigolanthas, pensativo.
-Cumplir con el deber de uno mismo no es ser malo, pero no es necesariamente ser bueno tampoco. Tú cumples con tu deber, Jigolanthas.- dijo Satán.
-¿Y cuál es ese deber?- pregunto el gnomo.
-Ser un gnomo pervertido, claramente.- replico Satán.
Más tarde en Tepito, Jigolanthas estaba tomando un rico café con leche y comiendo unos tacos de cecina con huevo. Había regresado del infierno hambriento, y pues fue a una fondita a desayunar. Estaba considerando su extraño encuentro con tres dioses terribles y temerarios de la tierra. Obviamente, su pérdida de la guerra contra los enanos y la victoria del Rey Agua, molestaba profundamente a todos los “villanos” del universo. A través de su victoria contra Ciudad Paleta y su democracia, el Rey Agua había  desatado el apocalipsis zombi de Jesucristo en Nagaloka, y ese pequeño detalle costaría nada menos y nada más que el fin de los tiempos: la iluminación colectiva de todas las almas humanas en el universo.   Algo particularmente aterrador para cualquier gnomo en su sano juicio.
¿Pero que podría hacer?
El asunto todo se atoraba en un pequeño pedacito del futuro perfectamente inescapable, donde Jesucristo, Minoreyna, el Rey Agua, y Krishna llegan todos a Rasalandia a discutir el futuro de la humanidad. Jesucristo quiere acabar con los humanos en Nagaloka para comenzar el Juicio Final en la tierra. Ese extraño encuentro en la ciudad de los minotauros culminaría con la victoria de Krishna sobre Jesucristo y el fin del tiempo, pues Krishna pondría al Rey Agua como soberano del universo absoluto, y el Rey Agua terminaría con la dualidad que causa el mal.
La gravedad de ese momento jalaba toda la existencia a una conclusión irreversible. Y cuando algo es tan importante que jala el tiempo y el espacio a su fin, también es notoriamente difícil de detener.
Jigolanthas, habiendo visto el futuro, entendía perfectamente, al igual que Satanás, que su tiempo se estaba terminando.  Simplemente no podía ver algo para detener el tiempo. Pero siendo un gnomo, no podía rendirse. Y claro, algo más se le podría ocurrir.


Saturday, May 30, 2015

Capitulo Diez: Unas Conversaciones en el Barrio Rojo


Parte Uno: Pthiss y Maxwell McComic

Pthiss detestaba el Barrio Rojo. Como sacerdote de Set, se consideraba bastante mas alla de las encajoas lujurias y apetitos perversos de los seres que gustaban de visitar el notorio rincon bohemio de Ciudad Paleta. Pero en esta ocaccion estaba visitando con un ser sumamente sabio, un gran hechisero humano, Maxwell McComic, conocedor de presente, pasado y futuro, vidente, viajero en el espacio y el tiempo y generalmente, un excelente jugador de ajedrez.

Su humilde hogar estaba "apachurrado" entre dos grandes hoteles de mas de diez pisos cada uno, por una parte el "Elfo Cojo", notorio edificio elfico, creado magicamente con arboles entrelazados y moldeados con hechiseria elfica, de bellas lineas y hermosos vitrales, y por otra  "El Luterano Perverso", descomunal edificio de roca hecho por humanos y enanos, y uno de los lugares mas "decentes" en el Barrio Rojo.

El hogar de Maxwell parecia mas la morada de una familia que la guarida de un nigromante. Con un bonito jardin lleno de flores amables y coloridas, arboles frutales, y la fachada estilo teutonica tan comun en algunos pueblos del planeta Tierra del conitnente Europeo.

Pthiss se desliso facilmente por la puerta principal, donde un elegante cartel de madera anunciaba el nombre y titulo del propietario: "Maxwell McComic, Hechisero".  La puerta estaba abierta, y Pthiss entro sin mas ni menos.

Maxwell estaba en su cocina, preparando el te.

-Llegas temprano, amigo mio.- dijo el humano, filtrando el te en dos tasas, una para humanos y una para reptiles.

-Me gusta ser puntual.-

-¿Como esta la esposa?-

-Imprescendible, como siempre.- la voz de Pthiss, con su extraño accento reptil, jalaba las "s" muy alargadas y sinuosas. -¿Cuando vas a enjendrar pequeños humanos? ¿O tal vez algo mas exotico, como un mitad elfo, o mitad orco?-

-La crianza de niños no es de mi gusto, Pthiss, soy felizmente hermitaño. No es necesario reproducirme para que mi vida tenga sentido.-

-Pero hay pocos como tu en el mundo, Max. Tu vida es excepcional, y perder el material genetico que impulsa tu sabiduria y inteligencia sera una perdida triste para los Naga.-

-Me podrian clonar.-

-No es igual, y lo sabes.- Pthiss pertenecia a la raza de Naga, los mejores geneticistas del universo, y creadores de numerosas nuevas razas y especies atravez de varias galaxias. Pero su interes siempre fue religioso, no necesariamente genetico.

-El punto es que me gusta ser unico.- dijo Max, otorgando una taza de te al repitliano. Pthiss y Maxwell se trasladaron a la comoda sala del mago, un lugar repleto de libros en las paredes, libros, libros y mas libros, con unos muebles de cuero oscuro comodos, hechos con humanos en mente, pero tambien algunos colchones comodos destinados a otras especies menos comunes, como lo era Pthiss. 

El hombre serpiente se acomodo en los colchones y tomo algunos tragos pensativos de su te. Luego agarro un libro que estaba en el suelo, y lo ojeo sin demaciado interes.

-En fin, me llamaste y he venido, y aunque tu compañia siempre es grata, tambien me gustaria saber exactamente que te tenia tan emocionado. Tu mensaje decia que algo estaba por ocurrir de consequencias cosmicas.-  dijo.

Maxwell se sento en su sillon favorito y coloco su te en una mesita en el centro de la sala. Miro fijamente a su amigo. Su rostro estaba vaguamente alucinado. Sus pupilas estaban bastante mas grandes de lo normal. Pthiss se pregunto mentalmente si estaba drogado.

-El fin del tiempo esta por llegar al universo material, y el evento que lo desata ocurre en Rasalandia.- dijo Maxwell, misteriosamente.

-¿Rasalandia? Pero si ahi no hay mas que vacas y minotauros.- dijo Pthiss intrigado.

-Ya sabes, amgio, que mis viajes no son faciles de recordar. Solo tengo impresiones, viviones vagas y inconclusivas. Pero tu, Pthiss, con tu espejo magico puedes viajar al futuro y al pasado sin problemas. Dime, ¿has viajado al futuro ultimamente en tu espejo?-

-Viajar al futuro es un asunto peligroso. Uno puede alterar la realidad demaciado facilmente si conoce los resultados de eventos futuros, y es una tentacion que no deseo tener. Los Dioses que me dieron el espejo me lo otorgaron con la responsabilidad de su uso adecuado, y no para prevenirme a mi mismo en cosas que pudieran afectar el tablero de juego de la realidad, Maxwell.- Pthiss se acomodo y dejo el libro que estaba ojeando en el suelo.

-Hace poco, invoque un portal al futuro, futuro proximo, pues buscaba la respuesta a un juego de la arena en el cual he apostado una suma interesante.-

-Malamente, Max, eso es asunto peligroso, pues podrias alterar...-

-No es el punto la apuesta, Pthiss. El punto es lo que he visto.-

-¿Que viste?-

-El tiempo. El tiempo se detubo.- Max hablo con un extraño terror en su voz. Como si la memoria de haver visto el futuro le pesara mucho.

-Muchos hechiseros saben como detener el tiempo por algunos instantes. No es nada raro, Max.- dijo Pthiss.

-No, no fue cualquier hechiso, Pthiss. Hablo de un "fin" del tiempo. Como si la creacion entera se detubiera momentaneamente y quedara como un tipo de dibujo o retrato de la realidad, pero donde nada, y por nada digo... todo... ocurria. Los pajaros se quedaban en medio aire, las gotas de agua de lluvia nunca llegaban al suelo. El aliento de los seres vivos ni salia ni entraba.. Todo.. se ... conjelo.... El tiempo se conjelo, Pthiss. Y lo vi ocurrir en el Palacio de Rasalandia primero.-

-Un mal viaje.- dijo Pthiss.

-Ojala y fuera tan simple, Pthiss. Pero vi a dos deidades supremas en el palacio. Dos "dioses de dioses".- dijo Pthiss.

-¿Cuales?- pregunto Pthiss.

-El Señor Krsna y el Señor Jesucristo.- dijo Maxwell pasmado.

-¿Que hacian?-

-Discutian.-

-Podria decirse que Krsna y Jesucristo son el mismo ser, por otra parte, son avatares de systemas teologicos muy distintos y el conflicto entre ellos seria suficiente para detener el tiempo. Ese conflicto podria, facilmente ocurrir en Rasalandia, pues ahi hay devotos de Krsna verdaderos, aunque no necesariamente son humanos.-

Saturday, April 11, 2015

Capitulo Nueve: Los 3000





LOS 3000

Satcitananda Das, enano aventurero y suertudo, que con el pasar del tiempo encontró la clave del viaje en el tiempo y el espacio, después de varios milenios de viaje, se encontró a si mismo, al fin de su vida, cansado y en busca de un hogar.

Tomo como sitio para su hogar la playas de Nevada en el año 3011, bastante después de el Gran Cambio, cuando la naturaleza ya había recobrado para si la belleza anterior a la llegada del hombre blanco.  Fundo su paraíso en las ruinas de Las Vegas y escogió como su nombre Nuevo Amatlan.

El Gran Cambio del 2012 había convertido a Las Vegas, destino desértico de los amantes del azar en una costa similar a la costa del sur de California antes de la llegada de Cristóbal Colon. El Océano Pacifico, que con gusto y buen sazón devoro California, ya estaba a menos de una hora de viaje de Las Vegas, que cuando los grandes terremotos llegaron, cayo como el susodicho castillo hecho de cartas. El único edificio que quedo en pie fue el Cesar-s Palace, casino hotel de fama y belleza. En mil años, se convirtieron sus muros en refugio de animales salvajes, que una vez partido el hombre, llegaron rápidamente a tomar su lugar.   

“Computadora, dame un escan completo de formas de vida por 10,000 hectáreas a la redonda”. Dijo el enano a su nave temporal/espacial.

“Trabajando” respondió la voz, femenina y sensual de la nave Kali Yuga.

La Kali Yuga, nave espacio/temporal de Satcitananda tenía el tamaño de un pequeño submarino, pero podía ser conducida por un solo piloto. Su aspecto era de el de un puro cubano, chonchito pero bien redondeado. Su color metálico reflejaba las nubes y el cielo donde la nave flotaba alegremente, y por esa razón, nadie que la quisiera ver con los ojos abiertos podría ver mas que una pequeña deflexión de la luz, casi invisible en la mayoría de los casos. 

“13,126 reses, 9,749 elefantes, 4,201 tigres y  78,190,145 formas de menor complejidad y tamaño como armadillos, liebres y aves. No hay formas humanas ni humanoides”. Los instrumentos de la Kali Yuga escanearon por posibles formas de vida en la jungla abajo.

“Muchos bichos. Algunos peligrosos.”. Dijo el enano. Aterrízame ahí, a 200 yardas de las ruinas del Cesars Palace.

“Trabajando”.

La Kali Yuga descendió lentamente hasta aterrizar suavecito en una pradera muy grande y plana. Cubierta en pasto alto como un hombre y con grandes pinos, cedros y uno que otro árbol frutal, la pradera parecía el jardín de edén mismo. Quien supiera que algún día, estas fueron las calles de Las Vegas.  Una que otra ruina asolada de algún hotel milenario dotaban la pradera con curiosas estructuras. De estas, no había mas grande ruina que la que alguna vez fue el Hotel y Casino Cesars Palace.

Satcitananda salio de su nave y piso tierra firme. Fue la primera vez en diez años.