Saturday, April 11, 2015

Capitulo Nueve: Los 3000





LOS 3000

Satcitananda Das, enano aventurero y suertudo, que con el pasar del tiempo encontró la clave del viaje en el tiempo y el espacio, después de varios milenios de viaje, se encontró a si mismo, al fin de su vida, cansado y en busca de un hogar.

Tomo como sitio para su hogar la playas de Nevada en el año 3011, bastante después de el Gran Cambio, cuando la naturaleza ya había recobrado para si la belleza anterior a la llegada del hombre blanco.  Fundo su paraíso en las ruinas de Las Vegas y escogió como su nombre Nuevo Amatlan.

El Gran Cambio del 2012 había convertido a Las Vegas, destino desértico de los amantes del azar en una costa similar a la costa del sur de California antes de la llegada de Cristóbal Colon. El Océano Pacifico, que con gusto y buen sazón devoro California, ya estaba a menos de una hora de viaje de Las Vegas, que cuando los grandes terremotos llegaron, cayo como el susodicho castillo hecho de cartas. El único edificio que quedo en pie fue el Cesar-s Palace, casino hotel de fama y belleza. En mil años, se convirtieron sus muros en refugio de animales salvajes, que una vez partido el hombre, llegaron rápidamente a tomar su lugar.   

“Computadora, dame un escan completo de formas de vida por 10,000 hectáreas a la redonda”. Dijo el enano a su nave temporal/espacial.

“Trabajando” respondió la voz, femenina y sensual de la nave Kali Yuga.

La Kali Yuga, nave espacio/temporal de Satcitananda tenía el tamaño de un pequeño submarino, pero podía ser conducida por un solo piloto. Su aspecto era de el de un puro cubano, chonchito pero bien redondeado. Su color metálico reflejaba las nubes y el cielo donde la nave flotaba alegremente, y por esa razón, nadie que la quisiera ver con los ojos abiertos podría ver mas que una pequeña deflexión de la luz, casi invisible en la mayoría de los casos. 

“13,126 reses, 9,749 elefantes, 4,201 tigres y  78,190,145 formas de menor complejidad y tamaño como armadillos, liebres y aves. No hay formas humanas ni humanoides”. Los instrumentos de la Kali Yuga escanearon por posibles formas de vida en la jungla abajo.

“Muchos bichos. Algunos peligrosos.”. Dijo el enano. Aterrízame ahí, a 200 yardas de las ruinas del Cesars Palace.

“Trabajando”.

La Kali Yuga descendió lentamente hasta aterrizar suavecito en una pradera muy grande y plana. Cubierta en pasto alto como un hombre y con grandes pinos, cedros y uno que otro árbol frutal, la pradera parecía el jardín de edén mismo. Quien supiera que algún día, estas fueron las calles de Las Vegas.  Una que otra ruina asolada de algún hotel milenario dotaban la pradera con curiosas estructuras. De estas, no había mas grande ruina que la que alguna vez fue el Hotel y Casino Cesars Palace.

Satcitananda salio de su nave y piso tierra firme. Fue la primera vez en diez años.

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